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7/2/2007 THE GOD DELUSION - RICHARD DAWKINSAteos, salid del closet Por Federico Kukso Si hubiera que armar a los apurones una lista de los científicos/divulgadores (vivos) más importantes del momento, hay nombres que seguro no podrían faltar: el astrofísico inglés Stephen Hawking (tal vez un poco inflado mediáticamente pero rescatable por su Breve historia del tiempo), el filósofo de la ciencia Daniel Dennett (La peligrosa idea de Darwin), el psicólogo experimental Steven Pinker (Cómo funciona la mente), el biólogo evolucionista Jared Diamond (¿Por qué es divertido el sexo?). Y por supuesto, el etólogo, biólogo evolucionista y catedrático inglés de la Universidad de Oxford Richard Dawkins –un infaltable a la hora de narrativizar la ciencia– que con su ya clásico libro de 1976 El gen egoísta trepó a la cima de los científicos más populares del mundo. Su nombre ya no sólo es sinónimo de éxito editorial sino también de polémica, como lo demostró hace un par de meses cuando salió al ruedo con un nuevo capítulo de la guerra –ya declarada– entre ciencia y religión. Su más flamante libro se llama The God Delusion y ya roza la categoría de fenómeno multimediático con decenas de blogs en su honor y discusión, unos cuantos documentales televisivos, otros tantos videos subidos en YouTube y vistosos afiches promocionales en los que se ve a las Torres Gemelas intactas y el slogan “Imagine no Religion”. Sin hablar de las semanas en las que dominó los rankings de best-sellers de The New York Times, Los Angeles Times y amazon.com. Mezcla de Biblia del ateísmo y disección científica de las religiones, en él Dawkins se encarga de encuadrar a toda deidad en la categoría de hipótesis, haciendo así que sea posible que pase por el filtro de la contrastación experimental, del análisis empírico más llano. “No estoy atacando ninguna versión particular de dios o de los dioses. Estoy atacando a los dioses, a todos los dioses, a todo lo que sea sobrenatural, dondequiera que haya sido o vaya a ser inventado”, remarca. Dawkins sabe, como la mayoría de los científicos y como lo expresó el filósofo Bertrand Russell en Por qué no soy cristiano (1927), que es más fácil comprobar la existencia de un fenómeno que su inexistencia. O lo que es lo mismo: que no es posible demostrar concluyentemente la inexistencia de Dios, por la simple razón de que no es posible demostrar concluyentemente la inexistencia de cualquier cosa. Es así como desplaza todo el debate al terreno de las probabilidades o más bien, al de la improbabilidad de la existencia de un ser superior.Además de resaltar todas las tragedias que trajo aparejada la religión, la fe –“aquel proceso de no pensar”– y el extremismo religioso a lo largo de la historia, en el libro –cuya versión española acaba de salir con el título de El espejismo de dios– Dawkins destruye el argumento de diseño, la idea de dios como un relojero y al dios einsteniano que no juega a los dados. Pero sobre todo repasa todos los argumentos históricos a favor de la existencia de dios para rebatirlos luego uno a uno. Con este libro, Dawkins –un acérrimo defensor de una concepción ortodoxamente darwinista de la evolución biológica– demuestra que es de esos autores que no tienen reparos en dispararles a las vacas sagradas e intocables (la religión, o el sexo como tabú). Sin caer en el academicismo de El gen egoísta, en The God Delusion Dawkins se enfurece (“ha llegado el tiempo para que la gente de razón diga: ‘ya es suficiente’. La fe religiosa desalienta el pensamiento independiente, es conflictiva y es peligrosa”), se indigna ante un dios “misógino, homofóbico, racista, infanticida, genocida, filicida, productor de pestilencias, megalomaníaco, sadomasoquista y caprichosamente malevolente” y compara al naciente movimiento de los new atheist (nuevos ateos) con el movimiento de la defensa de los derechos gays (“es hora de que el ateo salga del closet”). Y ante la escalada del fanatismo religioso, responde: “No deseo imponer mis creencias a nadie, pero me importa lo que es verdadero. Si Ud. quiere saber lo que pienso que es verdad, lea mi libro”. FUENTE: PAGINA/12 11/24/2006 AGNOSTICISMOEl agnosticismo (del griego a = no y gnosis = conocimiento) es una postura religiosa o filosófica sobre la religión de acuerdo a la cual la existencia o no de un dios o una mitología de deidades, es desconocida y por lo tanto irrelevante. (La existencia o no de un dios no es irrelevante por ser desconocida, sino por no poder ser conocida u obtener ninguna certeza al respecto. "Un problema sin solución no es un problema".) En algunas versiones (agnosticismo débil) esta falta de certeza o conocimientos es una postura personal relacionada con el escepticismo. En otras versiones (agnosticismo fuerte) se afirma que el conocimiento sobre la existencia o no de seres superiores no sólo no ha sido alcanzado sino que no es alcanzable. Finalmente hay versiones (apateismo) en las cuales se afirma que la existencia o no de seres superiores no sólo no es conocida sino que es irrelevante o superflua. En general los agnósticos consideran que las religiones, si bien no son una parte esencial de la condición humana, sí lo son de la cultura y de la historia humana. Quienes profesan agnosticismo no son necesariamente antirreligiosos, siendo respetuosos de todas las creencias que proceden de una reflexión individual y honesta, y no de un interés egoísta, de la desesperación o de la presión del entorno. El agnóstico entiende la fe sólo como una opción personal de cada individuo, que él no comparte. Variaciones y tipos de agnosticismo El agnóstico suele separar las posturas religiosas entre "conocer" y "creer". De esta forma una persona religiosa se distingue de un ateo por el hecho de que el religioso "cree" y el ateo "no cree". El agnóstico se separa de estas posturas indicando que unos y otros (religiosos y ateos) afirman un nivel de conocimiento sobre la realidad superior que el agnóstico no comparte. Muchas personas afirman que no se puede hacer esta separación: que la afirmación "creo en Dios" implica "conozco que Dios existe". Algunas variantes del agnosticismo incluyen: * Agnosticismo débil: se considera una opción personal. Es la persona que afirma que no tiene conocimiento o certeza sobre la realidad superior. * Agnosticismo fuerte: es una afirmación categórica sobre el conocimiento de realidades superiores indicando que estas no son cognocibles, y que los seres humanos no están equipados para descubrir la existencia de tales realidades o para probar su inexistencia. * Agnosticismo apático: conocido también como ignosticismo o apateísmo es la visión de que las realidades superiores, aún de existir, no cambian en nada a la condición humana y por lo tanto las religiones son irrelevantes o accesorias. * Agnosticismo modelo: apunta a que las preguntas filosóficas y metafísicas no son verificables fehacientemente sino un modelo maleable de pensamiento que debe basarse sobre la racionalidad. Esta rama del agnosticismo no se enfoca en la existencia de deidades. * Teismo agnóstico: el pensamiento de aquellos que no afirman conocer la existencia de Dios pero aun creen en El. No hay consenso sobre si esto es realmente agnosticismo. También puede implicar la creencia que a pesar de que hay algo que parece (o al menos parecería a un) Dios, queda la duda sobre su real naturaleza motivos o la validez del argumento de ser un ‘Dios’ en vez de un ser supernatural y/o superior. Diferencias ateo y agnóstico. El Ateísmo no se conforma con negar y no creer, sino que también se esfuerza en demostrar que Dios no existe. Esta es la mayor y más palpable diferencia entre el Agnosticismo y el Ateísmo. CONCLUSIONES: OFICIALMENTE AGNOSTICO 11/23/2006 LA EXISTENCIA DE DIOSDesde que el hombre es Homo Sapiens, y sus necesidades más básicas han estado cubiertas, tales como supervivencia (comer) y perpetuacion de la especie (reproducción), le queda mucho tiempo libre para pensar en cuestiones realmente profundas. En una de esas noches de insomnio en las que se le da muchas vueltas a la cabeza, se empezaron a preguntar cosas de todo tipo como: -¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy y por dónde? Afortunadamente, en tantas noches algunas de estas preguntas hallaron respuesta: "-Soy Abraham, vengo de Egipto y voy para Israel. Seguidme, yo se el camino -". Y tardó 40 años en llegar. No se lo llega a saber, y todavía estaría dando vueltas. Sin embargo, aun hay preguntas a las que no se ha sabido dar respuesta, y es labor de la ciencia y, en última instancia, de la física y la matematicas como la madre de todas las ciencias, de intentar responder con satisfacción a la curiosidad del ser humano. Una de tantas preguntas que amartillean nuestro cerebro es:¿Cómo llegamos aqui?. Los primeros pensamientos encaminados a resolver este embrollo apuntaron a un Ser Supremo creador, OMNIpotente y OMNIpresente que dirige nuestros pasos. Hace mucho tiempo ... una tarde en casa, tuve una pretención: me puse a pensar ¿existe Dios? durante mucho tiempo pense y pense, como puedo hacer para saber si Dios existe o no ¿?, como podia hacer para demostrar que Dios no existe, como podria hacer para demostrar que Dios si existe o como podria siquiera refutar la existencia o no existencia de Dios ... la conclusión: una tan obvia que me enoje por que no se me ocurrio antes, en el caso de la existencia de Dios no puedo ni afirmar ni refutar nada acerca de ellos (El falsacionismo, refutacionismo o principio de falsabilidad es una corriente epistemológica fundada por Popper. Para Popper contrastar una teoría significa intentar refutarla mediante un contraejemplo. Si no es posible refutarla, dicha teoría queda corroborada, pudiendo ser aceptada provisionalmente, pero nunca verificada.) Evidentemente era una perdida de tiempo pensar en si DIOS EXISTE O NO porque es imposible saber algo repecto a ello. Con esta conclusión surgio una nueva incognita ¿porque algunas personas creen en la existencia de un Dios y otras no? Con respecto a las personas que creen en Dios, llegue a la conclusión de que la religión (y por lo tanto la creencia en Dios o en dioses) nace del miedo a lo desconocido, de la necesidad del hombre primitivo de creer que todo puede ser explicado y que hay alguien a quien rogar para que "la caza sea buena", los valores tradicionales representados por el cristianismo (y otras religiones) someten a las personas más débiles a una "moralidad esclava", que no provocan en ellos más que un estado de resignación y conformismo hacia todo lo que sucede a su alrededor. No es necesario mencionar aqui todos los crimenes y genocidios que se han cometido en nombre de Dios. ![]() DIOS EXISTE ¿? A lo largo de la historia han sido cientos, miles, los pensadores que han dedicado su vida a intentar demostrar la existencia de Dios, ya sea por medio de la fe (método a priori) o mediante la razón (método a posteriori). Ese debe ser, sin duda, el caso de San Anselmo (1035-1109), autor de la célebre "prueba anselmiana" u "ontológica", que dice lo siguiente: "Si aquello mayor que lo cual no puede pensarse nada está en el entendimiento únicamente, aquello mismo mayor que lo cual nada puede ser pensado será algo mayor que lo cual es posible pensar algo." A lo que se refería el "teologo" este es a que si Dios es lo más grande que puede ser pensado, no puede existir sólo en el pensamiento. Si así fuera, siempre podría pensarse en otro ser tan grande como él y además REAL, es decir: más perfecto, por lo que el ser más grande y posible no podría estar sólo en el pensamiento, porque de no ser real no sería ya el ser más grande posible. "Como se verá, este argumento de influencia platónica sirve tanto para demostrar la existencia de Dios como la existencia de un cubo de 500 m³ repleto de patatas fritas." Santo Tomás de Aquino (1225-1274) ya rechazó esta prueba por irracional y por funcionar a priori, e intentó en su obra SUMMA THEOLOGICA (1266) resolver el problema de Dios a través del entendimiento, proponiendo así sus célebres "cinco vías" (entiendase vías como «maneras de llegar a», no como pruebas concretas): * Vía del primer motor * Vía de la causa eficiente * Vía del ser necesario * Vía de los grados de perfección * Vía del ser inteligente y del gobierno del mundo La primera de esas vías hace referencia al movimiento, y dice que "si todo lo que se mueve es, a su vez, movido por algo, si rechazamos seguir con esta sucesión hasta el infinito, hay que pensar en la existencia de un primer motor, algo no movido por nada y que, sin embargo, mueve". Ese "Primer Motor" sería, por supuesto, Dios. El resto de las vías son muy parecidas, y aluden a la causalidad, a la necesidad, a los grados de perfección y a la finalidad. El fallo de Tomás de Aquino es presuponer la misma existencia de Dios que pretendía demostrar. Si bien no parte de lo que él considera un hecho, como San Anselmo, al llegar a la idea de "Primer Motor" se planta satisfecho. Desde luego, hay otros métodos aparte del ontológico y de las cinco vías de Santo Tomás, pero casi todos derivan de estos dos y, además, resultan repetitivos. Santo Tomás adapta las ideas de Aristóteles al cristianismo, tal y como ya hiciera San Agustín con las de Platón. DIOS NO EXISTE ¿? Las personas somos dioses...(no confundir ni sacar de contexto) esto quiere decir, nosotros los seres humanos creamos a Dios a nuestra imagen y semejanza, creamos a Dios para un dia ser como imaginamos que es él, cuando la humanidad siente que ha fracaso en su vida cotidiana (entiendase como vida cotidiana la vida de todo hombre (vida material, Agnes Heller) como por ejm cuando se enfrenta a enfermedades sin cura, es ahi donde Dios hace su aparicion triunfal, es en esos momentos en que un ser humano impotente y limitado siente la necesidad de creer que existe algo mas grande "que todo lo puede" y decide entregarse a la fe ciega creyendo que sera ayudado y que su problema sera resuelto, nada mas lejos de la realidad. Las principales razones por las cuales existe Dios en nuestro imaginario son dar un consuelo a los hombres de la miseria y sufrimiento existente en este mundo (culparlo tambien quizás), y ser un instrumento de la clase dominante para el mejor control de la clase dominada; la creencia en Dios es una consecuencia de la vida decadente, de la vida incapaz de aceptar el mundo en su dimensión trágica; parece apelar a una motivación psicológica: la idea de Dios es un refugio para los que no pueden aceptar la vida. La religión y la moral tradicional (la moral religiosa) es “antinatural” pues presenta leyes que van en contra de las tendencias primordiales de la vida, es una moral de resentimiento contra los instintos y el mundo biológico y natural. El dogmatismo moral tiene varias implicaciones: la idea de pecado y de culpa, y la de la libertad. La idea de pecado es una de las ideas más enfermizas inventadas por la cultura occidental: con ella el sujeto sufre y se aniquila a partir, sin embargo, de algo ficticio; no existe ningún Dios al que tengamos que rendir cuentas por nuestra conducta, sin embargo aquel que cree en Dios se siente culpable ante los ojos de este Dios, se siente observado, cuestionado, valorado por un Dios inexistente, del que incluso espera un castigo; situación paradójica por cuanto este Dios y los propios valores morales son una creación de él mismo, del hombre. Las religiones y toda forma de moralismo en este planeta tienen necesidad de la noción de libertad: para poder hacer culpables a las personas es necesario antes hacerlas responsables de sus acciones. La religión cree en la libertad de las personas para poder castigarlas. “No puede negarse que el error más grave, más pertinaz y peligroso, que jamás fue cometido, ha sido un error dogmático, es decir, la invención de un espíritu puro y del bien en sí de parte de Platón” (“Más allá del bien y del mal”)... el estado de ánimo que promueve el éxito de las creencias religiosas, de la invención de un mundo religioso, es el de resentimiento, el de no sentirse cómodo en la vida, el afán de ocultar la dimensión trágica de la existencia. El Universo nació sin ayuda de Dios. El origen de nuestro mundo puede explicarse perfectamente sin tener que recurrir a supuestas intervenciones divinas. Los seres humanos, por lo tanto, deberían dejar de creer en un ser invisible y omnipotente cuya existencia no tiene ninguna base científica. Asi tambien nuestro lenguaje y nuestros conceptos estan configurados en gran medida como si todo lo que queda fuera de la persona individual tuviese caracter de objeto con vida propia(la escuela, la familia, la universidad, los poderes del estado) y nos olvidamos que estan "cosas" no son tales si no mas bien el conjunto de entramados sociales conformados por nostros mismo los individuos, cuando se produce este proceso de cosificacion (Norbert Elias) es que sucede tambien el fenomeno de darles vida, de pensar que funcionan independientemente de nuestras decisiones, que tienen vida propia y manejo propio, este pensamiento magico-fantasioso y supernatural que le damos a ciertos aspectos de la vida (vale decir darle vida a aquello que no lo tiene) es uno de los motivos que existen tambien para creer en la existencia de un "ser superior". Muchos estudiosos lo han mencionado anteriormente, no estoy diciendo nada nuevo, el mismo Marx cuando se refiere al FETICHE DE LA MERCANCIA en "EL CAPITAL" explica que los productos-bienes (mercancias) aparecen como si se controlara ellos mismo solos, cuando decimos cosas como "el mercado se regula solo" o "se regula mediante la ley de la oferta y la demanda" nos estamos olvidando de que somos nosotros quienes en realidad regulamos todo a traves de nuestras relaciones sociales, un objeto no tiene valor por si solo, son las relaciones sociales de produccion las que tienen valor (solo aplicable a una sociedad como la nuestra). Quizas me fui de tema pero esto sirve para explicar como incluso en nuestra vida social creemos que existen cosas que se manejan solas, que tienen vida propia y que existen independientemente de nosotros. Tambien se produce en las sociedades actuales un fenomeno de EXTRAÑACION de las situaciones sociales, asi cuando suceden casos de suicidios, inmigracion masiva pobreza, guerras, etc, creemos que todo ello existe independientemente de nosotros, que son cosas que no se pueden controlar. Frase de Carl Sagan [Traducción libre, se admiten mejoras] “Extraordinary claims require extraordinary evidence” “Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias” “The idea that God is an oversized white male with a flowing beard who sits in the sky and tallies the fall of every sparrow is ludicrous. But if by God one means the set of physical laws that govern the universe, then clearly there is such a God. This God is emotionally unsatisfying… it does not make much sense to pray to the law of gravity” “La idea que Dios es un grandullón hombre blanco con barba que está sentado en el cielo y que lleva la cuenta de la caída de cada gorrión es ridícula. Pero si con Dios uno quiere decir el conjunto de leyes físicas que gobiernan el universo, entonces evidentemente existe tal Dios. Este Dios es emocionalmente insatisfactorio… no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad”. CONCLUSIONES ![]() La idea de todo esta parafernalia consiste en abrirnos la mente y comenzar a hacernos cargo, es muy facil creer que existe algo superior que sera eso lo que diriga y juzgue nuestra vida y la de toda la humanidad, somos nosotros mismos los que tenemos que hacernos cargo de todo lo que pasa no solo en nuestras vida material si no tambien en el mundo, en épocas pasadas, ahora o en el futuro. Se me esta haciendo largo este mail pero para terminar quiero explicar porque creo que ES SALUDABLE PARA EL HOMBRE QUE DIOS NO EXISTA. Remitiendome a Nietzsche, cuando habla acerca de "la muerte de Dios", la "muerte de Dios", no quiere decir que Dios haya existido y después haya muerto (un absurdo), Dios no existe, Dios no crea al hombre sino el hombre a Dios. Durante siglos nuestra cultura ha considerado que los valores descansan en algo trascendente, que existe un ámbito objetivo gracias al cual la existencia tiene sentido. La vida tiene un sentido porque algo exterior a ella se lo da. Con la muerte de Dios sobreviene la crisis del sentido y el convencimiento de que la existencia es absolutamente insostenible, vacía, carente de sentido. Superar esto nos da un salto en la evolución y es necesario para la aparición de una nueva moral y de un nuevo hombre, el superhombre. Ese superhombre es seguro, independiente e individualista, y no se deja llevar por la multitud; al contrario de las personas débiles, que sólo se dejan llevar por las tradiciones y las reglas establecidas. Este superhombre no cree en las cosas que prometen las religiones después de la muerte, él sólo cree en lo real y en lo que puede ver. Es un ser que, ante todo, razona; aunque eso no quiere decir que no sienta. Este superhombre se deja llevar por sus pasiones y sus sentimientos, pero a su vez, se domina a si mismo; no busca solo el placer, esa seria la diferencia con "el ultimo hombre" el ultimo peldaño hacia el superhombre. ![]() Después de leer esto muchos me acusaras de comunista por tomar a HELLER y MARX, o de pro-sionista por tomar a NORBERT ELIAS, quizas hasta de Nihilista por citar a NIETZSCHE, pero todo esto sera sumamente alejado de la realidad respecto a lo que pienso, los tiempos han cambiado no estamos en el siglo XV, XVII o XIX es ya hoy el año 2006 y es hora de cambiar nuestra forma de pensar y de dar el siguiente paso en la evolucion humana (nada que ver con el evolucionismo de Darwin), este siguiente escalon en la evolucion no sera fisico si no mas bien mental. Espero no haber faltado el respeto a las creencias de otros ... en fin que piensan respecto a este tema??? ![]() LINKS RELACIONADOS: * COMO SER UN SUPERHOMBRE: LA MUERTE DE DIOS (I) * LA MUERTE DE DIOS (II): SEMANA SANTA TARDIA 7/5/2006 LA MUERTE DE DIOS: Dios invoca al terrorismo? (II)![]() Hace una semana (o más o menos) leí en Internet un texto atribuido a Slavoj Zizek. Como uno, cautelosamente, desconfía de todo lo que corretea por el basural cibernético, propongo poner entre paréntesis la pertenencia del texto. Que, quiero decir, acaso pertenezca a cualquier ser de este planeta y no a Slavoj Zizek. No obstante, algo de Zizek tenía. De modo que fingiremos creer que él lo elaboró. Zizek contraponía a una célebre afirmación que dice “Si Dios no existe, todo está permitido” otra que dice “Si Dios existe, todo está permitido”. Y adosa esta última sentencia a los fundamentalismos que, en la modalidad de lo cruel y lo devastador, traman la actual época histórica. El fundamentalismo necesita de la omnipresencia de Dios, dado que atribuirá a Él, a sus mandatos, todo lo que hace. El hombre se asume como el ejecutante de la voluntad divina. Más exactamente: el homo terrorista. El homo terrorista tiene –hoy– dos expresiones: el homo terrorista imperial y el homo terrorista islámico. (Utilizo el latín “homo” por una tradición que suele definir al “hombre” por ciertas actitudes o modos en los que incurre. El homo sapiens sería el hombre de razón. El homo faber el que hace, actúa o construye. El homo terrorista, el que destruye.) Las dos modalidades del terrorismo actúan invocando a Dios. Su mandato se expresa así: “Dios existe, todo está permitido”. Elimino el condicional “si” porque el homo terrorista no admitiría ningún condicional. Dios, absolutamente, existe. El homo terrorista imperial se ampara en el cristianismo. Así, Bush puede decir: Dios está con nosotros. O esa otra frase impecable que dijo: Dios no es neutral, que está contenida en la anterior pero la explicita de modo contundente. El homo terrorista no sólo actúa en nombre de Dios sino también de sus promesas, de la plenitud, del regocijo, de las ilimitadas recompensas que le aguardan en una vida que trasciende la actual y que habrá de extenderse en un reino que será el reino infinito de su Dios, cuya infinitud habrá, naturalmente, de concedérsele. En suma, si muere por su Dios vivirá para siempre, en eterno regocijo, cobijado en Su Reino. Aquí, el homo terrorista aventaja al homo imperial: tiene más para recibir. Si el Dios del homo imperial fuera aún el de la Edad Media podría pedirle la vida a quienes luchan por él, ya que éstos creerían en la Promesa divina, creerían que abandonar este valle de lágrimas es estar junto al Señor y reposar en su seno. Pero siglos de secularización, aberraciones como la filosofía cartesiana, Copérnico, Galileo, la Revolución Francesa, el marxismo y otros horrores –participantes todos de la blasfemia– debilitaron la fe de los soldados del homo imperial en un mundo que esperaría más allá de éste. Por decirlo claro: el homo terrorista, en lo relativo a su relación con Dios, sigue en el siglo XIII. El homo imperial salió de ese siglo y esa salida erosionó su fe. De todos modos, los dos se igualan en una total creencia en Dios. Una creencia sin fisuras que justifica cualquier acción contra el enemigo. Ya que si Bush (el homo imperial) no puede ofrecer un mundo Otro para sus guerreros tiene recursos que el homo terrorista no tiene. Allí donde la fe no alcance alcanzará la propaganda, el miedo comunicacional, la idiotización y la introyección cotidiana del odio. ¿Quién odia más: un marine fanatizado por la ideología de su Imperio o un guerrero islámico fanatizado por los mandatos de su Dios? ![]() La otra frase (“Si Dios no existe, todo está permitido”) pertenece a la cultura del nihilismo occidental, ya que en ella se incluye Dostoievsky, que fue quien la dijo por medio de uno de sus más grandes personajes, Iván Karamazov. En diálogo con su hermano menor, Aliosha Karamazov, cuya fe es tan honda como transparente es su alma, el torturado Iván lo desafía con ese razonamiento: Dios debiera existir, ya que si existiera la vida tendría un sentido, los valores tendrían sustento, todo dolor podría tolerarse, toda injusticia sería castigada. Pero si Dios no existe el mundo marcha al acaso, no hay fundamentos para nada, nada tiene sentido y el hombre está solo en la tierra. La frase de Dostoyevsky es: “Los hombres están solos en la tierra: he aquí la desdicha”. Como vemos, Zizek se equivoca: las dos posiciones justifican el caos y la muerte. Si el fundamentalismo dice: Dios existe, todo está permito, lo dice porque actúa en nombre de Dios, matará y torturará en Su nombre. Si el nihilismo dice: Dios no existe, todo está permitido, autorizará todo tipo de acciones, de odios, de venganzas, de crímenes, de atrocidades porque, sencillamente, no hay ante quien responder. El exceso de fe y la carencia de ella justifican la destrucción. En un caso por exceso de valores; en el otro, por su ausencia total. ¿Qué es lo que hay que retirar para que todo este fanatismo (el fanatismo fundamentalista y el fanatismo nihilista) se caiga a pedazos? Hay que retirar a Dios. Hay que sacar a Dios del medio. Dios –como lo propuso Nietzsche– debe morir. Al morir Dios mueren los valores absolutos en base a los cuales siempre los hombres se han exterminado los unos a los otros. Nietzsche proponía .en una de sus indubitables lecturas- la muerte de Dios como la muerte de todos los valores absolutos, la muerte de todos los fundamentos. Que luego haya propuesto los suyos –la vida, la voluntad de poder en tanto crecimiento y conservación y el Superhombre– revela que Dios no muere nunca, que siempre vuelve a aparecer, porque los hombres no pueden vivir sin absolutos. Por consiguiente, no pueden vivir sin matarse. (La única alternativa a esto es el demos griego: lo absoluto está en todos, la verdad está en todos, mi verdad sólo existe en tanto respeta la de los demás, mi verdad se desliza en la incompletud y el error si mato a alguien, ya que mi verdad necesitaba de la verdad de ese alguien para existir. Igualmente, la democracia real es un ejercicio paroxístico de absolutización de las verdades parciales, individuales. Baste pensar que Bush dice actuar en nombre de ella. Los hombres no ven en el Otro a ese ser que completa su verdad, a ese ser sin cuya verdad la mía no puede existir, sino que cada uno ve en los otros al lobo de Hobbes. El demos griego, como principio utópico de convivencia ajena a la pulsión de muerte, sigue, pese a todo, siendo sostenible, deseable.) ¿Cómo juega en medio de todo esto la figura de Jesús? El cristianismo penetra la fe de los hombres con eso que Hollywood supo llamar “la más grande historia jamás contada”. Dios, ante el sufrimiento de los hombres y ante sus reclamos por la injusticia, envía a Su hijo: él sufrirá más que todos los hombres. Pero en ese hijo será Dios mismo el que habrá de sufrir. Ya que ese hijo, Jesús, es Dios. Este Dios que se aviene a participar de los dolores de los hombres (a diferencia del Dios del Antiguo Testamento que atormentó a Abraham y a Job) pareciera introducir un elemento nuevo. Los hombres no están solos. Dios está con ellos. Les ha enviado a su hijo para que, sufriendo infinitamente, los redima. Incluso Jesús llegará a los extremos de la duda. Y este punto (el de hacer dudar a Jesús) acaso sea el de mayor comprensión y piedad de Dios por los hombres. ¿No es el momento de mayor dolor y soledad ése en que el creyente duda de su Dios? ¿No pierde todo ahí su sentido? Pues bien: también Jesús, el hijo de Dios, duda en la Cruz: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” Y, al ser Jesús el mismísimo Dios hecho hombre, es Dios quien, llevando al extremo su comprensión y amor por los hombres, duda de sí mismo. Ninguna religión ha llegado más lejos en su intento por acercar a Dios y los hombres. Pero su extravío fue también inmenso. Hay dos etapas en el cristianismo. Una breve que se da en la vida cristiana anterior a la redacción de los Evangelios. Y otra –que parte de la acción propagandística y misionera de Pablo– en la que surge el cristianismo histórico, profano y político “de la Iglesia y su ansia de poder dentro de la configuración de la humanidad occidental y su cultura moderna” (Heidegger, “La frase de Nietzsche ‘Dios ha muerto’”). La Iglesia, devenida puro fundamentalismo estamental, utiliza el dolor del torturado de la Cruz para justificar el dolor de los hombres. La Inquisición basó su derecho a torturar en la tortura de Jesús. Incluso un film-Bush, como el reciente de Mel Gibson sobre el pastor de Nazareth, insiste cruelmente en las torturas de Jesús para que ellas se prolonguen –justificándolas– en las cárceles de Iraq o en Guantánamo. Así, invocando a Dios, cotidianamente se transforma a la religión del amor en la de la vejación, en la del dolor. Por José Pablo Feinmann (Pagina 12) LA MUERTE DE DIOS: Como ser un Superhombre (I)COMO SER UN SUPERHOMBRE: "la muerte de Dios"
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Hay hombres inferiores y hombres superiores, el superhombre pertenece a este segundo grupo; “los débiles y malogrados deben perecer: artículo primero de nuestro amor a los hombres. Y además se debe ayudarlos a perecer”
SUPERHOMBRE: Hombre nuevo que aparece tras la “muerte de Dios”. Nietzsche lo concibe como el individuo fiel a los valores de la vida, al “sentido de la tierra”.Para ser un superhombre primero que nada debes "matar a Dios", y esto quiere decir que debes de tener claro en cualquier plano de tu mente conciente o inconciente que Dios no existe, no solo creerlo si no tambien aplicarlo a tu vida diaria.Ser un Superhombre es ser mejor que cualquier hombre, es estar un paso encima de la escala evolutiva del pensamiento y la razón. El hombre al que hay que superar es el que se somete a los valores tradicionales, a la “moral del rebaño”, a la moral basada en la creencia de una realidad trascendente que fomenta el desprecio por la vida, la corporeidad y la diferencia entre las personas. El superhombre sólo es posible cuando se prescinda absolutamente de la creencia en Dios, cuando se realice hasta el final la “muerte de Dios”. Las principales razones por las cuales existe Dios en nuestro imaginario son dar un consuelo a los hombres de la miseria y sufrimiento existente en este mundo (culparlo tambien quizás), y ser un instrumento de la clase dominante para el mejor control de la clase dominada; la creencia en Dios es una consecuencia de la vida decadente, de la vida incapaz de aceptar el mundo en su dimensión trágica; parece apelar a una motivación psicológica: la idea de Dios es un refugio para los que no pueden aceptar la vida. Y por utlimo desde mi visión es probable que hayamos inventado a Dios para ser como él ... .La religión y la moral tradicional (la moral religiosa) es “antinatural” pues presenta leyes que van en contra de las tendencias primordiales de la vida, es una moral de resentimiento contra los instintos y el mundo biológico y natural. Esto se ve claramente en la obsesión de la moral occidental por limitar el papel del cuerpo y la sexualidad. El dogmatismo moral tiene varias implicaciones: la idea de pecado y de culpa, y la de la libertad. La idea de pecado es una de las ideas más enfermizas inventadas por la cultura occidental: con ella el sujeto sufre y se aniquila a partir, sin embargo, de algo ficticio; no existe ningún Dios al que tengamos que rendir cuentas por nuestra conducta, sin embargo aquel que cree en Dios se siente culpable ante los ojos de este Dios, se siente observado, cuestionado, valorado por un Dios inexistente, del que incluso espera un castigo; situación paradójica por cuanto este Dios y los propios valores morales son una creación de él mismo. Las religiones y toda forma de moralismo en este planeta tienen necesidad de la noción de libertad: para poder hacer culpables a las personas es necesario antes hacerlas responsables de sus acciones. La religión cree en la libertad de las personas para poder castigarlas. “No puede negarse que el error más grave, más pertinaz y peligroso, que jamás fue cometido, ha sido un error dogmático, es decir, la invención de un espíritu puro y del bien en sí de parte de Platón” (“Más allá del bien y del mal”)... el estado de ánimo que promueve el éxito de las creencias religiosas, de la invención de un mundo religioso, es el de resentimiento, el de no sentirse cómodo en la vida, el afán de ocultar la dimensión trágica de la existencia. El siguiente texto resume los distintos ámbitos inventados por el hombre a partir del espíritu de decadencia: “El filósofo, que inventa un mundo racional donde la razón y las funciones lógicas son adecuadas; de ahí el “mundo verdadero”. El hombre religioso, que inventa un “mundo divino”; de ahí el mundo “desnaturalizado”, antinatural. El hombre moral, que inventa un “mundo libre”: de ahí el mundo bueno, perfecto, justo, santo” (“Voluntad de poder”, Nietzsche). La "muerte de Dios", no quiere decir que Dios haya existido y después haya muerto (un absurdo), Dios no existe, Dios no crea al hombre sino el hombre a Dios. Durante siglos nuestra cultura ha considerado que los valores descansan en algo trascendente, que existe un ámbito objetivo gracias al cual la existencia tiene sentido. La vida tiene un sentido porque algo exterior a ella se lo da. Con la muerte de Dios sobreviene la crisis del sentido y el convencimiento de que la existencia es absolutamente insostenible, vacía, carente de sentido. Superar esto nos da un salto en la evolución y es necesario para la aparición de una nueva moral y de un nuevo hombre, el superhombre. El siguiente texto de “La gaya ciencia” de Nietzsche es el que mejor expresa su idea de la muerte de Dios: “¿No habéis oído hablar de ese hombre loco que, en pleno día, encendía una linterna y echaba a correr por la plaza pública, gritando sin cesar, “busco a Dios, busco a Dios”? Como allí había muchos que no creían en Dios, su grito provocó la hilaridad. “Qué, ¿se ha perdido Dios?”, decía uno. “¿Se ha perdido como un niño pequeño?”, preguntaba otro. “¿O es que está escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado?” Así gritaban y reían con gran confusión. El loco se precipitó en medio de ellos y los traspasó con la mirada: “¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir”, les gritó. ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos podido hacer eso? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Y quién nos ha dado la esponja para secar el horizonte? ¿Qué hemos hecho al separar esta tierra de la cadena de su sol? ¿Adónde se dirigen ahora sus movimientos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos incesantemente? ¿Hacia adelante, hacia atrás, de lado, de todos lados? ¿Hay aún un arriba y un abajo? ¿No vamos como errantes a través de una nada infinita? ¿No nos persigue el vacío con su aliento? ¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer, cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿Nada olfateamos aún de la descomposición divina? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y poderoso se ha desangrado bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esa sangre? ¿Qué agua podrá purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿No es excesiva para nosotros la grandeza de este acto? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las futuras generaciones serán, por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el presente fue la historia. Aquí calló el loco y miró de nuevo a sus oyentes; ellos también callaron y le contemplaron con extrañeza. Por último, arrojó al suelo la linterna, que se apagó y rompió en mil pedazos: “He llegado demasiado pronto, dijo. No es aún mi hora. Este gran acontecimiento está en camino, todavía no ha llegado a oídos de los hombres. Es necesario dar tiempo al relámpago y al trueno, es necesario dar tiempo a la luz de los astros, tiempo a las acciones, cuando ya han sido realizadas, para ser vistas y oídas. Este acto está más lejos de los hombres que el acto más distante; y, sin embargo, ellos lo han realizado.” El superhombre no se puede identificar con una clase social con privilegios que le puedan venir por la tradición o que descansen en su poder social (con la aristocracia, por ejemplo), ni con un grupo definido biológicamente (con una raza) pues los genes no son una garantía de excelencia. Pero lo podemos reconocer a partir de su conducta moral: 1. Rechaza la moral de esclavos: la humildad, la mansedumbre, la prudencia que esconde cobardía, la castidad, la obediencia como sometimiento a una regla exterior, la paciencia consecuencia del sometimiento a un destino o a un mandato, el servilismo, la mezquindad, el rencor. 2. Rechaza la conducta gregaria: detesta la moral del rebaño, la conducta de los que siguen a la mayoría, de los que siguen normas morales ya establecidas; como consecuencia de su capacidad y determinación para crear valores, no los toma prestados de los que la sociedad le ofrece, por lo que su conducta será distinta a la de los demás. 3. Crea valores: los valores morales no existen en mundo trascendente, son invenciones de los seres humanos; pero no todos los hombres los crean, muchos –la mayoría– se encuentran con los valores ya creados por otros, siguen las modas, los estilos vitales vigentes; el primer rasgo del superhombre es precisamente éste: inventa las normas morales a las que él mismo se somete; pero este rasgo no es suficiente para definir al superhombre, pues no vale que cree o invente cualquier valor, además ha de crear valores que sean fieles al mundo de la vida y que le permitan expresar adecuadamente su peculiaridad, su propia personalidad y riqueza. 4. Vive en la finitud: no cree en ninguna realidad trascendente, ni en Dios ni en un destino privilegiado para los seres humanos, una raza, una nación, o un grupo; no cree que la vida tenga un sentido, como no sea el que él mismo le ha dado; acepta la vida en su limitación, no se oculta las dimensiones terribles de la existencia (el sufrimiento, la enfermedad, la muerte), es dionisíaco. 5. Le gusta el riesgo, las nuevas experiencias, los caminos no frecuentados, el enfrentamiento, las pruebas difíciles; no está preocupado ni por el placer ni por el dolor, ni propio ni ajeno, pues pone por encima de ellos el desarrollo de su voluntad y de su espíritu; es duro consigo mismo y con los demás, es valiente, no huye del dolor ni de ninguna forma de sufrimiento: sabe que de estas experiencias puede salir enriquecido, puede crecer. 6. Es contrario al igualitarismo: ama la exuberancia de la vida, le gusta desarrollar en él mismo y en los demás aquello que les es más propio; no tiene miedo a la diferencia. 7. Ama la intensidad de la vida: la alegría, el entusiasmo, la salud, el amor sexual, la belleza corporal y espiritual; puede ser magnánimo, generoso, como una muestra de la riqueza de su voluntad. 8. En conclusión: el superhombre es la afirmación enérgica de la vida y el creador y dueño de sí mismo y de su vida, es un espíritu libre. La voluntad de poder se identifica con cualquier fuerza, inorgánica, orgánica, psicológica, y tiende a su autoafirmación: no se trata de voluntad de existir, sino de ser más. Es el fondo primordial de la existencia y de la vida: “¿Queréis un nombre para este mundo? ¿Una solución para todos los enigmas? ¿Una luz también para vosotros, los más ocultos, los más fuertes, los más impávidos, los más de media noche? ¡Este mundo es la voluntad de poder, y nada más! ¡Y también vosotros mismos sois esa voluntad de poder, y nada más!” (“La voluntad de poder”, Nietzsche). No seas uno mas del monton, no te preguntes si la vida tiene sentido o si Dios existe, seria una pérdida de tiempo, porque preguntas mas importantes que eso son ¿tiene explicacion la existencia de Dios?, y con respecto al significado de la vida, esta no tiene porque tenerla, es asi de simple, la vida y la existencia son vacias, pero ya que estamos aquí hagamos algo para pasar el tiempo ...
SARTRE: Dios y el Existencialismo
Pero Sartre se sentía cómodo en el ateísmo, aun cuando carecía de fundamentos donde plantar sus pies filosóficos. Al diablo con eso: no los necesitaba. Estaba preparado para sobrevivir en el aire. Estaba dispuesto a decir: Somos franceses, pensamos, podemos vivir con el absurdo sin pedir a cambio ninguna recompensa. Y eso se debe a que somos lo suficientemente nobles para vivir con el vacío y lo suficientemente fuertes para elegir un camino por el cual estamos incluso dispuestos a morir. Y todo eso lo haremos desafiando abiertamente el hecho de que, en efecto, no tenemos dónde estar parados. No buscamos un Más Allá. Era una actitud; era una postura orgullosa, como vivir con el propio pensamiento en un espacio sin forma, pero privaba al existencialismo de la posibilidad de emprender exploraciones más interesantes. Porque el ateísmo, en materia de filosofía, es una empresa estéril. (¡Pensemos sólo en el positivismo lógico!) El ateísmo puede contender con la ética (como Sartre supo hacerlo alguna vez con máxima brillantez), pero en materia de metafísica termina en un callejón sin salida. A un filósofo, después de todo, le resulta casi imposible explorar cómo es que estamos aquí sin acariciar alguna idea de lo que puede haber sido una fuerza previa. Si la existencia nació ex nihilo, lo que se sofoca es la especulación cósmica. En el caso de Sartre, la cosa es peor: la existencia nació sin dar pista alguna que indique si estamos aquí con un fin bueno o si no hay razón alguna que nos justifique. Y al mismo tiempo, Sartre tenía un endemoniado talento filosófico. Podía funcionar con precisión en los niveles más altos de cada una de las estructuras lógicas que desplegaba. ¡Si al menos no hubiera sido existencialista! Porque un existencialista que no cree en algún tipo de Otro es como un ingeniero que diseña un automóvil que no requiere conductor ni acepta pasajeros. Para que el existencialismo florezca (para que se desarrolle a través de una serie de nuevos filósofos que construyan a partir de premisas anteriores), necesita un Dios que no se confíe en el fin más de lo que nos confiamos nosotros; un Dios que sea un artista, no un legislador; un Dios que padezca las incertidumbres de la existencia; un Dios que viva sin ninguna de las garantías preestablecidas que presiden como un íncubo la teología formal y su flatulenta afirmación de un Ser que es Todo Bondad y Todopoderoso. ¡Todo Bondad y Todopoderoso: qué oxímoron gargantesco! Un Dios así, sin duda, dejaría desamparado a cualquier teólogo que quisiera explicar un terremoto. Ante la ira de un tsunami, lo único que sería capaz de hacer es tirarse un pedo. La idea de un Dios existencial, un Creador que en términos artísticos, quizás hizo lo mejor que pudo, pero pecó acaso de negligente a la hora de diseñar las placas tectónicas, ese Dios no está dentro de su horizonte. Sartre era ajeno a la posibilidad de que el existencialismo prosperara si aceptaba que tenemos un Dios, en efecto, y que cualesquiera sean sus dimensiones cósmicas (no importa cuán grande o pequeño aceptemos que sea), ese Dios encarna algunas de nuestras fallas, nuestras ambiciones, nuestros talentos y nuestra melancolía. Porque el fin no está escrito. Y si lo está, no hay lugar para el existencialismo. Pero fundemos nuestras creencias en el hecho de nuestra existencia y no nos costará demasiado aceptar que no somos sólo individuos sino acaso parte vital de un fenómeno más amplio que va en busca de alguna visión de la vida más sutil que la que se desprende de nuestra condición humana actual. Se podrá argumentar que no hay razón para que esta idea no esté más cerca del ser real de nuestras vidas de lo que lo está cualquier cosa que puedan ofrecernos los teólogos oximorónicos. Ciertamente es mucho más razonable que la idea de Sartre según la cual, pese a su deseo apasionado de una sociedad mejor, estamos aquí independientemente de que lo queramos o no, y que tenemos que arreglárnosla lo mejor posible con esa nada endémica instalada sobre la eterna falta de fundamento. Sartre era realmente un escritor de dimensiones mayores, pero también era un verdugo filosófico. Guillotinó al existencialismo justo cuando más necesitábamos oír su grito, el alarido bárbaro que nos dice que hay algo en común entre Dios y todos nosotros. Como Dios, somos artistas imperfectos que hacemos lo mejor que podemos. Podemos tener éxito o fracasar, exactamente igual que Dios. Ésa es la tonada implícita, si no latente, del existencialismo. Haríamos bien en volver a vivir con los Griegos, volver a vivir con la esperanza de que el fin permanece abierto, pero que la tragedia humana tal vez sea nuestro fin. Las grandes esperanzas no tienen fundamento real a menos que uno esté dispuesto a hacer frente al destino que quizá también esté en camino. Esos son los polos de nuestra existencia, y lo fueron desde el primer instante del Big Bang. Puede que algo inmenso esté removiéndose ahora, pero para conocerlo, haremos mejor en alentar la esperanza de que la vida no nos suministrará las respuestas que tanto necesitamos, pero nos ofrecerá el privilegio de mejorar nuestras preguntas. No será el absolutismo moral sino el relativismo teológico lo que haremos bien en explorar si tenemos verdadera necesidad de un Dios con el cual podamos comprometer nuestras vidas. NO TODO ES VERDADERO O FALSO"... nada es verdadero o falso lo unico absoluto es que todo es relativo ..."
ANDERCISMO
De cómo la epistemología empezó a desandar los caminos que la ciencia daba por recorridos. Ideología y racionalidad en la historia de las ciencias de la vida Georges Canguilhem Amorrortu 180 págs. Hasta bien avanzado el siglo XIX, las ciencias reflexionaban sobre sí mismas en términos de verdadero/falso, definiéndose por el método y el objeto de estudio, dando por sentado que resultaba fiable aquello que se presentaba a la percepción. Escasas –pero no por ello menos poderosas– instancias convocaban a poner en cuestión la legalidad establecida, hasta que la posición del observador, es decir del científico mismo, comenzó a importar como variable. Las cosas (entidades, objetos, nociones, conceptos) dejaron de existir por sí mismas en su materialidad palpable o, al menos, su condición fue puesta en duda. En otros términos: al “ser” de las cosas (regido por la ontología) le apareció el grano de la epistemología, para la cual la realidad social o natural no reside en lo que de ella se dice sino en lo que de ella se calla. Perspectiva asumida por el filósofo francés Gaston Bachelard, disidente de las posiciones de los ingleses Popper y Khun, todavía apegados a la ontología positivista.
Discípulo y heredero de la cátedra de Bachelard, Georges Canguilhem (1904-1995) continuó ampliando la brecha a fin de arrancar la vieja idea de que una teoría (científica) resulta algo así como un teorema redondo y prolijo. Tributarios del materialismo dialéctico marxiano, entienden que tales formulaciones pueden seguir siendo rigurosas con la condición de que se las perciba como formaciones discursivas: “seudosaberes cuya irrealidad surge por el hecho y solo por el hecho de que una ciencia se instituye esencialmente en su crítica”.
Teoría científica y construcción ideológica pasan, a partir de allí, a mostrar lazos de parentesco cada vez más contundentes, a medida que se logran develar las condiciones materiales, históricas, sociales y de los sistemas de creencias que les anteceden. Tarea que Canguilhem despliega en Ideología y racionalidad en la historia de las ciencias de la vida, donde compila sucesivos hitos enclavados en la vena del pensamiento que más conoce, las ciencias biológicas y la medicina. Se vale de tales disciplinas no sólo para desentrañar sus postulados, sino también al modo de metáforas para que sus reflexiones puedan extenderse a otras regiones del pensamiento. De tal modo, la Historia deja de ser una mera cronología para sostenerse en la serie de rupturas e invenciones que la implican, incluyendo la constitución de nuevos objetos. Semejante disección realiza con las mismísimas ciencias naturales, como cuando afirma que Darwin, en El origen de las especies, no hace más que ejecutar una enredada justificación “a posteriori de ciertos desvíos como ventajas precarias de supervivencia en nuevas situaciones ecológicas”. Punto de vista que se hace principio crítico con el cual el epistemólogo avanza sobre la clínica médica y los métodos terapéuticos a través de la historia. Sin ir más lejos, la idea de que ciertas enfermedades se paliaban con sanguijuelas o ventosas deja de ser un simple error para emerger al modo de un modelo de racionalidad, en su momento coherente no menos que compacto y, por sobre todo, unánimemente aceptado. Una versión de la visión goyesca acerca de que “los sueños de la Razón producen monstruos”.
Canguilhem encuadra su punto de vista y lo muestra sin escarceos: “La producción de saberes es asunto de práctica social, el juicio de estos saberes en cuanto a la relación con sus condiciones de producción depende, de hecho y de derecho, de la teoría de la práctica política”. Honestidad epistemológica como premisa eficaz permite comprender de dónde viene (Bachelard, Althusser) y hacia dónde va (sus alumnos más destacados, Foucault y Deleuze). Impecable y esclarecedora la traducción de Irene Agoff. |
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